“Nuestra parte de noche”: la novela monstruo de Mariana Enríquez

Por Pau Turina 

Mariana Enríquez es un nombre reconocido no solo en el mundo literario argentino sino también de toda habla hispana. Pero además ha sido traducida a más de veinte idiomas llegando a ser leída por taiwaneses, rumanos, checos, entre otros. Definitivamente, se ha convertido en una de las autoras más importantes de la actualidad. 

La escritora y periodista argentina renovó un género olvidado o muchas veces menospreciado: el terror. En la literatura de Mariana Enríquez la realidad es un recurso terrorífico. Luego de haber publicado sus libros “Bajar es lo peor”, “Cómo desaparecer completamente”, “Alguien camina sobre tu tumba”, “Chicos que vuelven”, “Los peligros de fumar en la cama”, “Las cosas que perdimos en el fuego”, “Este es el mar”, “La hermana menor: un retrato de Silvina Ocampo” y el más reciente, “Ese verano a oscuras” con la editorial española Páginas de Espumas, Enríquez ganó el destacado Premio Herralde de novela en Anagrama con su novela “Nuestra parte de noche” de más de seiscientas páginas.

No hay mayor terror que ficcionalizar elementos de lo cotidiano. En este sentido, Enríquez contextualiza su última novela en el marco de la última dictadura militar en Argentina. La autora nació en 1973 y se crió en plena dictadura, en diversas entrevistas ha mencionado que esto es algo que la ha marcado, haber vivido en un país en el que el terror formó parte de la cotidianidad y de una política de Estado. Entre los hallazgos de la novela, el más impresionante, es el de relacionar el terror mágico y sobrenatural con el terror de la realidad. Con un estilo personalísimo y como parte del universo de la escritora, lo real y lo irreal se funden y se confunden, hasta que los bordes carecen de claridad. 

Pero la novela no se inscribe únicamente en este contexto de dictadura, sino que también viaja por diversos territorios y espacios: jóvenes ricos en los años sesenta en Londres; la infancia en los ochenta y posdictadura, personajes que viven en Corrientes y Misiones y la presencia de la devoción a dioses paganos como son San La Muerte o San Huesito; los noventa en La Plata con las privatizaciones y las marchas, de esta manera, armando una especie de línea histórica. 

En las más de seiscientas páginas, la atraviesan diversos temas: la herencia familiar, la fidelidad a la clase social, el sufrimiento humano, la política, la magia, el amor adulto, el amor adolescente, la amistad, el deseo, solo por mencionar algunos. Según la escritora, esta novela está conformada por todas sus obsesiones.

Dividida en seis capítulos, con distintas voces narrativas, tiempos, escenarios y registros, Enríquez crea una novela “monstruo”, una novela perturbadora en la que nos sentimos atrapados sin poder dejar de leer, de la que no se puede salir fácilmente. 

Debido a su extensión y complejidad es difícil formular una breve sinopsis sobre esta novela, aún así se puede decir que cuenta la historia de Juan y Gaspar Peterson, padre e hijo, que viven en Buenos Aires y viajan a la casa de los abuelos de Gaspar, los Bradford, ubicada en Misiones. Rosario Bradford, la madre de Gaspar, falleció en circunstancias poco claras y Juan intentará proteger a su hijo del destino que a él le ha tocado. Con momentos de luminosidad y oscuridad, de felicidad y de profunda tristeza, estos personajes intentarán tener una vida normal entre visiones, premoniciones, torturas y muertes.

Una de las destrezas de la escritura de Enríquez es construir personajes con sentimientos reales afrontando situaciones terroríficas y sobrenaturales. Estos personajes, ni buenos ni malos, simplemente seres humanos de carne y hueso experimentan contradicciones como todos nosotros.

Mención aparte es el capítulo llamado “El pozo de Zañartú, por Olga Gallardo, 1993” en el que la escritora muestra su potencial como periodista y escribe una falsa crónica magistral sobre un suceso escalofriante tanto por su cercanía a la realidad como por su crudeza. Más allá de que lo que narra es ficción, este capítulo escrito desde un registro tan real aporta a la verosimilitud de la historia. 

Por otro lado, otro elemento a destacar, es que a lo largo de la novela Enríquez hace referencia a escritores, a poetas, como es el caso de John Keats, que es citado varias veces en el transcurso del libro y quien justamente escribe su poesía sabiendo que se está muriendo, dato no menor por su similitud con uno de los personajes principales. En este sentido, el libro posee diversas capas de sentido y juega con cierto metalenguaje del “mundo Enríquez”. Podemos mencionar el caso de la amiga de Gaspar, Adela, que tiene un suceso con una casa abandonada y que se podría relacionar con el cuento “La casa de Adela” del libro “Las cosas que perdimos en el fuego”. De esta manera, la novela tiene cuantas capas de sentido y significado queramos. “Nuestra parte de noche” es una experiencia que se vive con el cuerpo, la historia y los personajes siguen vibrando y retumbando en la cabeza, eso que ocurre con los libros inolvidables. 

En la escritura de Enríquez se destacan la influencia de autores como Stephen King, Shirley Jackson y hasta de Franz Kafka, en los que el terror y lo siniestro inundan los sentidos. Más allá de estas influencias, Enríquez logra la singularidad de los grandes escritores, convirtiéndose en una referente del “realismo gótico” contemporáneo.

Fotografía: Elenna Studio.

Pau Turina

Comunicadora Social. Le encanta leer y escribir, pero lo que más le gusta es compartir esas actividades con otras personas. Por eso asiste a talleres y coordina uno.

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