Hexágono por sus propias editoras

En ARDE, ¡este mes estamos de estreno! En nuestra nueva Sección “Editoriales Amigas” iremos conociendo todo lo que siempre quisimos saber sobre nuestras editoriales favoritas.



Este camino de sinergias empieza con Hexágono Editoras, un sello autogestivo e independiente con sede en CABA pero con espíritu federal y una identidad férrea. Desde su creación en 2018, lleva publicados siete libros en sus dos colecciones: cinco en Poesía y dos en Narrativa.

Como muchos proyectos que nos gustan, Hexágono es fruto de dos amigas con ganas de hacer las cosas de otra manera. Sofi y Euge se conocieron entrada la carrera de Edición en la UBA y cuando terminaron de cursar, se plantearon armar algo juntas para empezar a insertarse en la industria.

“Arrancamos más que nada por una búsqueda personal, de abrir ciertos caminos y ciertas posibilidades que, en el momento en que nosotras arrancamos el proyecto, no nos estaban surgiendo a nivel profesional. La idea fue arrancar un proyecto donde por voluntad propia pudiéramos poner en funcionamiento lo que habíamos visto en la carrera. Al principio estaba enmarcado desde otro lado, ofrecíamos servicios técnicos”, narra Euge, desde un lateral de la reunión de Zoom que nos encuentra.

Después de trabajar un año editando y corrigiendo material de proyectos chicos, de otras editoriales independientes o de autor, ganaron la confianza y el conocimiento para hacerse la pregunta clave: ¿y si lo hacemos nosotras? Desde ahí, el deseo no paró de crecer.

“Creo que conocíamos el diez por ciento de lo que realmente implicaba pero arrancó un poco así, como una inquietud bastante alejada de cualquier tipo de concreción”, se ríe Euge. De cualquier manera, parte del impulso vino del espanto: “Vimos un poco lo que no nos gustaba del manejo de textos o las formas de laburar que no nos convencían. Y después apareció la idea de poder nosotras qué nos interesaría editar, qué nos gustaría hacer, a quién nos gustaría publicar. Y fue un poco lanzarnos y hacerlo”, suma Sofi. 

“Es como dice Euge, de entrada no sabés del todo cómo es o cómo te vas a desenvolver. Sobre la marcha fuimos haciendo un poco de malabares y viendo qué sí, qué no, y de qué formas podía ser mejor el funcionamiento para nosotras y para la gente que nosotras queremos publicar”, agrega.

Toda esa improvisación, esas dudas propias del proceso de armado de un proyecto propio, se difuminaron en su concreción. Indagar en los libros, las redes, y la web de Hexágono es encontrarse con una identidad editorial y estética muy clara que atraviesa todo lo que proponen y comparten. 



Un catálogo federal y novel

Al momento de pensar en el catálogo como identidad, siempre tuvieron algunas certezas. Tras descartar la idea de publicar autorxs que no tuvieran el español como idioma nativo, por una limitación económica y greográfica, la búsqueda se centró en el país.

“Nosotras estábamos muy metidas en la lectura de lo contemporáneo argentino, así que nos resonaba por ahí. Pero queríamos hacer un recorte que no se ubicara sólo en CABA, o en Buenos Aires”, cuenta Euge. “Y sobre todo con personas que aún no habían publicado nada o casi nada. Que a lo mejor era su primer libro publicado o escrito”, agrega Sofi.

“La idea es que si trabajamos con gente de otras provincias, en algún momento poder ir a visitarlos, hacer alguna presentación ahí, conocer las librerías. Teníamos también esa idea, conocer un poco más a través de la editorial, aún con esas limitaciones y con ese enfoque”, explica Euge.

“El primer libro que publicamos, Cenizas de febrero, es de Amanda (Mares), que es de Tandil. Zaira (Nofal) es de Tucumán. Ceci (Rodríguez), que si bien vive acá, es de Rosario. Eso también nos permitió, a través de sus escrituras y de sus formas de manejarse, poder conocer otros lugares. Fue súper importante para nosotras”, completa Sofi.

“Al principio luchamos un poco con ese temor de editar gente inédita, por cómo eso va a implicar en las ventas. Pero un poco nos molestaba la idea de tener que dejar de lado eso para asegurarnos otra cosa. Así que nos enfocamos ahí. No es que todo el catálogo va a ser 100% inédito porque para nosotras también es importante trabajar con gente que tenga una participación activa, un interés, un recorrido como escritor o escritora. Nada que ver con la fama o la popularidad, sino un ímpetu personal de crecer. Nos dimos varios palazos intentando entender la lógica de este espacio, que tiene sus trucos y los aprendés haciendolos. Entonces lo que queremos como editorial es acompañar a cualquier autor o autora que quiera, que quizás no sepa cómo y que eso no sea un impedimento para dar a conocer una voz que nosotras consideramos valiosa”, se explaya Euge.

“Teníamos ganas de habitar ese espacio super rico y diverso que es lo contemporáneo argentino, y que se puede ver en la gran cantidad de editoriales independientes que surgieron en la última década, con distintos enfoques, con interés en otros aspectos. Sabemos que hay mucho autor y autora interesante, mucha riqueza en lo contemporáneo argentino, pero también hay muchas editoriales que lo están haciendo. Entonces también es encontrar tu porción de territorio ahí”, concluye.




Editoras con A

Desde la elección del nombre, Hexágono evidencia a sus hacedoras. Una apuesta política muy concreta que además no encuentra muchos antecedentes y por eso llama claramente la atención en una lista de editoriales.

“Si bien no somos una editorial que sólo publica mujeres, creo que eso también nos dio otra impronta. La definición que solemos dar y que nos enmarca es que somos un equipo formado por mujeres. Estamos nosotras dos, Florencia que es la diseñadora, y Nina en prensa. De a poquito fuimos formando ese equipo y pienso que eso le aporta otra mirada, otro punto de vista al trabajo. Creo que nos da otra impronta a la hora de pensar, de elegir, de leer”, desarrolla Sofi.

Aunque cada vez hay más editoriales creadas y gestionadas por mujeres y pibas, sobre todo en el ámbito autogestivo e independiente, la invisibilidad ante la predominancia masculina en la industria está presente.

“Lo gracioso es que ponemos editoras y muchas veces se dirigen a nosotras como hombres”, trae Euge. “Pero creo que lo que dice Sofi es re importante porque históricamente la figura detrás de las editoriales estaba la figura del editor, y no es un ámbito tanto de las mujeres. Aunque en el último tiempo la mayor cantidad de inscriptos en la carrera son mujeres. Pero muchas instituciones y sobre todo los referentes, son hombres. Nunca fue la idea publicar sólo mujeres, pero creo que el hecho de que seamos el equipo que somos nos posicionó en un lugar, fue una forma de trabajar y de querer construir la editorial”, cierra.


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Una estética enfocada en los libros

Algo que sin dudas destaca de la propuesta de Hexágono es su identidad estética y gráfica. Tanto en el particular diseño de las portadas, como en la dinámica comunicacional de sus redes, queda claro que el protagonismo es de los libros.

“Lo del diseño también siempre fue algo a lo que nosotras siempre quisimos darle mucha importancia, desarrollar una identidad que sea reconocible. Cuando pensamos ambas colecciones fue, por un lado, con la idea de que los libros dialoguen entre sí, de que como objeto ofrezcan algo distinto, hecho a conciencia, con mucha sensibilidad, con mucho trabajo, con mucho gusto”, cuenta Euge.

Basándose en su experiencia como lectoras en ferias donde hay mucha gente y poco tiempo para pararse a indagar sobre cada texto, pensaron en una estética que permitiera identificar no sólo a qué editorial pertenecían sus libros, sino a qué colección y qué genero.

“Eso fue crucial a la hora de construir las colecciones, la idea de que alguien vea un libro y entiende de qué es, le llame la atención, le guste, vea el cuidado y el criterio con el que está hecho. Como si fuese una carta de presentación. Por eso desde el principio trabajamos con Flor como diseñadora y le dimos mucho espacio, dejamos que ella decida y nos proponga”, 

En el Instagram de Hexágono, se destaca la ausencia de rostros. No hay en su feed, ni en las solapas de los libros, los típicos retratos de autorx. Las fotografías cuidadosamente producidas ponen a los libros en el centro y los conectan con otros elementos. 

“Cuando empezamos a ver de qué manera comunicar a los autores y a los libros, Euge siempre me decía que para las redes había que pensar un tipo de contenido específico, diferente, que se pudiera vincular también con los libros, no sólo desde la imagen. No queríamos poner fotos de los escritores en las solapas de los libros, como suele haber. Y a ninguna de las dos nos gusta mucho tampoco aparecer nosotras con nuestra cara. Por eso también decidimos que el libro tuviera muchísimo protagonismo”, abre Sofi.

“Queríamos generar un contenido propio, que sostenga y ayude a desarrollar esta identidad. También se vincula bastante con no hacer tanto hincapié en la figura del autor y sostener todo el trabajo en esa figura o en lo conocido que sea. Me parece que tratar de revertir un poquito esa lógica y darle protagonismo al libro, que es por lo que estamos y por lo que trabajamos, por ese texto, esa voz que llegó a nosotras y que queremos que llegue a sus lectores y lectoras. Creo que comunicar desde ahí es muy importante”, asegura Euge.

Una de las ideas más destacables de la comunicación de Hexágono es la de los maridajes. Una invitación a lxs autorxs a pensar sus textos en conexión intertexual con otras materialidades y energías: otros libros, películas, bebidas o estaciones del año. También proponen una presentación del perfil de lxs escritorxs a partir de objetos narrados por ellxs mismxs. De esta manera, aún sin fotos de sus rostros, sus voces aparecen claramente, pero desde un lugar más íntimo, más narrativo y menos espectacularizante.

“Nos gusta pensar que el escritor no es sólo un escritor, que tiene una vida, que le pasan otras cosas, que tiene experiencias, y que eso pueda estar ahí cuando alguien decida entrar a su libro. Qué lo llevo a escribir, de qué forma lo hizo, qué hay en ese mundo, qué lo representa”, cuenta Sofi.

“Es también humanizar al escritor o escritora, encontrar algo ahí con lo que conectar, verle como una persona que tiene sus particularidades, sus extrañezas, sus recorridos, sin necesidad de anclar todo en esa figura. Pensando también en qué te dice, qué te aporta la cara de una persona”, agrega Euge.

“Algo que para mí fue super importante siempre y que charlamos con Sofi es que, desde una figura de lector o lectora, también vincularlo con el trabajo de otros proyectos. Eso también es super importante para Hexágono. Transmitir que no somos islas, que no vamos a estar todo el tiempo haciendo autobombo de lo que nosotras hacemos, cuando todo ese trabajo está claramente influenciado por el trabajo de otras personas. Entonces queríamos también darle ese espacio desde la comunicación a otras personas”, cierra.



Pandemia, resistencia y después

Si gestionar una editorial independiente es un desafío en cualquier contexto, hacerlo en el contexto de pandemia es aún más complejo. Aunque reconocen las dificultades y el trabajo, Euge y Sofi también valoran la posibilidad que les ofreció este tiempo de enfocarse y concretar. 

“Yo sentí que pudimos crecer muchísimo durante la pandemia porque sacamos bastantes libros en ese período. Y creo que fuimos haciendo, haciendo, haciendo. Eso fue un poco agotador pero creo que a la vez tuvo sus frutos y pudimos ver un par de resultados que estábamos buscando hace tiempo, que nos consolidaron más como editorial. Este tiempo también nos hizo reflexionar y poder ver cómo empezamos y dónde estamos ahora. Qué buscamos, qué queremos, creo que es lo pudimos ver mucho más en esta situación”, reflexiona Sofi.

Más allá del contexto en particular, las editoras reconocen la apuesta resistente de apostar a construir proyecto de este tipo en un contexto difícil. Una clave para ellas fue reconocer las lógicas y plantarse. Conservar sus trabajos para poder darle a Hexágono otra libertad y no cargarla con la presión de ser sostén económico.

“Construir una editorial que dentro de lo posible sea federal es un posicionamiento político. Arriesgarte a construir una editorial, apostar a la cultura, en un momento donde es muy complejo, y encima de personas inéditas, creo que en sí es un posicionamiento claro de lo que para nosotras es importante. De lo que también tiene que seguir existiendo. Sobre todo en este espacio que a veces es muy cerrado, con poca circulación y que tiene algunas lógicas perversas”, dice Euge.

“Hay una idealización del libro, la lectura, pero el libro no escapa a la lógica del mercado. Es un objeto que se comercializa y eso es muy duro. Por ahí una cuando es chica tiene una idea mucho más idealizada y entrás un poco así al universo, y te cachetea. Tener que transar con esa idea y tratar de transar lo menos posible y de no dejar cosas en el camino para llegar a algún lado. Creo que es tratar de mantener el proyecto lo más genuino posible, reconciendo que estás en un espacio y un contexto. Una también elije. A nosotras siempre nos pareció que el porcentaje que cobraban los autores era ínfimo, y decidimos ajustar ahí. No trabajar con una distribuidora porque es una de las cosas que tenés que resignar para darle importancia a otra cosa. Elegir las librerías con las que trabajamos, hablar directamente con ellos, relacionarnos. Sofi se encarga de ir a las librerías y tiene la oportunidad de conocer a los libreros, charlar, ponerles cara. Elegir las ferias, apostar por lugares más chiquitos, seguir apoyando lo independiente”, concluye.

En un momento de suspensión temporal para muchxs, Hexágono no paró y no pretende hacerlo. Con proyectos actuales y futuros, esta editorial de las pibas se proyecta con firmeza: “Está el libro de Mati que salió hace poquito y ojalá podamos tener una presentación presencial pronto. Para agosto, se viene uno de narrativa. Y para octubre, uno de poesía. Y después para el año que viene estamos cerrando otras dos, una de poesía y otra de narrativa”, cierra Sofi.

Maridaje hacia adentro

Para cerrar este encuentro, les devolvimos a las editoras la propuesta de maridaje que ellas acercan a lxs autorxs. Les preguntamos con qué marida Hexágono y nos respondieron esto:

Como armamos esta sección, consideramos que tenemos permitido romper algunas reglas. Es difícil encontrar una obra puntual que maride con la totalidad que es Hexágono. Tratamos de que eso se vea reflejado en nuestro catálogo y en la forma de comunicarnos, pero incluso ninguna de esas dos construcciones pueden mantenerse estáticas en el tiempo. En lugar de elegir obras puntuales, vamos a hablar de períodos o épocas:

Una bebida:
algún blend de té negro y flores (preferentemente de rosas).

Una canción:
elegimos el período de los 90 y primeros años de los 2000. Primero, porque durante los 90 se produjo un balance hermoso entre música pop y el surgimiento de un costado más sórdido y crudo, como fue la música alternativa y el grunge. Los 2000 los elegimos porque crecimos en esa época y sabemos que mucho de nosotras está puesto en Hexágono.

Un libro:
irónicamente, y a pesar de (todavía) no tener novelas en nuestro catálogo, sentimos que las novelas de iniciación sería un buen “género” para hablar un poco de lo que sucede en el catálogo de Hexágono: en su mayoría, se trata de autorxs que están debutando como escritorxs, digamos que iniciándose en un ambiente completamente distinto, dejando atrás una etapa terminada y abriéndose paso a algo completamente distinto. Esa ruptura, ese crecimiento (a veces, acelerado) que plantean este tipo de novelas es donde nosotras nos situamos.

Una película:
como sucede con la literatura, en el cine es similar. Ese crecimiento, a veces accidentado y cruel, está muy bien retratado en innumerables películas coming of age: un género hermoso que ha sabido retratar de manera insuperable lo que significa dejar la adolescencia para entrar en la adultez. Como explicamos más arriba, sentimos que Hexágono está situada ahí, en ese pasaje, donde algo se termina para darle espacio a otra cosa distinta.

Una estación:
para terminar, el té, los cambios, la muerte de algo que permite el renacimiento de otra cosa son sinónimos de otoño, curiosamente nuestra estación favorita.

More Pardo

Nació en Rosario en 1993. Es Licenciada en Comunicación Social (UNR). Como periodista, escribió sobre feminismos y disidencias para los portales LatFem, Manifiesta, La Tetera y Rapto. Es una de las guionistas y creadoras de la serie web Quién Pudiera,  y autora de la novela "Ya no pienso en el invierno". Actualmente, es estudiante en la ciudad de Granada, España. Desde 2020, colabora con Arde Libros.

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