8M: Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Por Celina Mondelli

La movilización que desbordó de rituales político-amorosos

El 8 de marzo, en nuestra ciudad pero también en muchísimos puntos de Argentina y de países del mundo, llevamos adelante un nuevo Paro Feminista en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y ahí estuvimos mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries, afros, originarias y personas con diversidad funcional.

Como lo venimos haciendo hace años, los días previos nos encontramos con una gran cantidad de feministas en la Multisectorial para organizar las actividades. Feministas de distintos sectores sociales, políticos y culturales y de variados territorios de la ciudad, decidimos que el paro y la movilización se harían el lunes 9, buscando de esta manera, un mayor impacto por ser un día hábil. Y definimos el recorrido contemplando a muchxs compañerxs que por diversos motivos se les dificulta sostener recorridos largos y extensos.

Fue así como nos encontramos en la plaza Montenegro, que para nosotrxs tiene un valor simbólico muy importante: es el lugar donde nos encontramos por primera vez para gritar Ni Una Menos. Desde ese 3 de junio de 2015 nuestra organización y nuestra presencia en las calles aumentaron de manera exponencial pero, lamentablemente, la violencia machista se recrudece y se renueva a diario en Argentina. La cantidad de femicidios y travesticidios siguen siendo nuestro motor de lucha, en un contexto donde no alcanzan las políticas del Estado sino que debemos apuntar a la transformación cultural que destierre las raíces de la violencia hacia nosotrxs, dando lugar a su visibilización y generando las herramientas para no tolerar más como sociedad que tantas mujeres y travestis sean asesinadas a diario a lo largo y ancho de nuestro país.

Los entramados de la violencia se expanden y reproducen sin distinguir edad, clase social, territorio, etnia, religión ni orientación sexual. Sin embargo, en muchos casos, pudimos nombrar – a partir del enorme aporte del enfoque de la interseccionalidad y del relato de muchxs compañerxs – que la configuración de la violencia machista toma diversas formas y debe ser tratada de manera distinta dependiendo las posibilidades de cada persona en situación de violencia. Nos queremos libres, queremos que se reconozca el trabajo doméstico, queremos ocupar puestos de decisión, queremos cobrar lo mismo que los varones por igual trabajo, queremos cupo laboral travesti-trans, queremos aborto legal, seguro y gratuito. Pero para que todos esos reclamos puedan concretarse, nos queremos VIVXS.

Entre las consignas, una de este año fue “La deuda es con nosotras”, y me atrevo a decir que la deuda es con todxs lxs sujetos políticxs oprimidxs que conformamos el pueblo argentino, porque nadie es ni se realiza en soledad, siendo la política y la organización los únicos caminos posibles, dándonos los espacios para discutir qué Patria queremos construir. Y es eso lo que venimos demostrando, cada Día de la Visibilidad Lésbica, cada día de la Mujer, cada Día de la Memoria, cada Día del Orgullo, y cada día que sea necesario que nos encontremos en las calles. Las calles como territorio de encuentro (y uno de mis favoritos), pero apostando a poder disputar sentido y construir praxis política en todos los territorios posibles.

Marchar tras cuatro años de macrismo

Este 8 de marzo nos encontró en un contexto completamente distinto al de los cuatro años del gobierno macrista. Éste último, con sus políticas económicas, sociales y de represión, nos demostró que nunca los gobiernos anti populares ampliaron los derechos de nadie. Pudimos vivir en carne propia los ajustes y el desprecio a nuestras batallas históricas como el incumplimiento de las leyes vigentes como la Ley de Identidad de Género o la Ley de Protección integral a las mujeres. En numerosas oportunidades el macrismo nos mostró su homo-lesbo-trans odio y su machismo.
Este año, como nos enseñaron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, sostuvimos en las calles los rituales político-amorosos que construimos en la historia que tenemos como pueblo.

Nos encontramos con compañerxs que entre cantos y glitter, una vez más reclamando por una Patria con justicia social. Porque al fin y al cabo, como militante torta peronista, creo fervientemente en que los feminismos -en sentido amplio y con todxs lxs sujetos políticos oprimidos adentro- incluyen (o deben incluir) reclamos que nos permitan consolidar una Patria con justicia social. Y lo hicimos, tras haber consolidado una apuesta política en un marco de unidad, que nos permitió sacar de una vez y – ojalá para siempre – al macrismo del gobierno.

Inauguramos una nueva etapa a partir de un gesto político de enorme generosidad de nuestra compañera Cristina Fernández de Kirchner. Sabemos que durante sus gobiernos reparó y reconoció nuestras existencias, a partir de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario o de Identidad de Género, así como en el 2009 asumió la responsabilidad del Estado argentino en la eliminación de la violencia de género.

Días antes del paro feminista, el presidente Alberto Fernández anunciaba en la apertura de sesiones del Congreso una serie de medidas que el Ejecutivo enviará para su discusión, en un gesto de escucha activa de nuestros reclamos y de nuestra movilización, como es el Proyecto de legalización y despenalización de la interrupción del embarazo, así como cuestiones vinculadas a las tareas de cuidado, entre otras. El Presidente, que apenas asumió implementó la Capacitación en Género junto a todo su gabinete en el marco de la Ley Micaela, no sólo volvió a darle entidad de Ministerio a lo que durante el macrismo fue la Secretaría de Salud, sino también que creó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. Esta última para jerarquizar las políticas públicas que venimos reclamándole al Estado, otorgándole un presupuesto propio y eligiendo para su conformación a compañeras con quienes desde hace mucho tiempo nos venimos encontrando en los distintos espacios de militancia y discusión
feminista.

El contexto político es otro y es un desafío el pensarnos y repensarnos como militantes feministas, sabiendo que la cantidad de femicidios y travesticidios aún es alarmante, que la brecha salarial es alta, que el poder judicial sigue atravesado por discursos y prácticas patriarcales, que la expectativa de vida de nuestras compañeras travestis en nuestro país es de 32 años… pero hoy el Estado dejó de ser nuestro enemigo. Con los nuevos desafíos que eso traerá, pero con la certeza de que para la construcción de nuestros reclamos como problemas públicos y la generación de respuestas que los atiendan, aportaremos la organización y la movilización y nos sentaremos en las mesas de discusión que den lugar a nuevos procesos de construcción de políticas públicas acordes a nuestro tiempo.

Fotografía: Elenna Studio.

Celina Mondelli

Militante torta peronista. Estudió Ciencia Política y da clases en la UNR. Convive con La García, su gato travesti, y cuando se emborracha le gusta cantar canciones de NOB.

 

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